Entre los muchos modelos de hechiceros humanos que Games Workshop ha desarrollado a lo largo de estos años, hay uno que es especialmente reconocido como el "clásico" mago de fantasía. Me refiero al hechicero basado en la figura mitológica del dios nórdico Odín; un anciano de canosa barba larga que se apoya en un báculo y viste grises ropajes de los que destaca su capucha y su sombrero picudo. En Odín se basan figuras tan emblemáticas de la literatura fantástica como Merlín, Gandalf y Dumbledore, y es una fórmula que los juegos de rol de los 80 mantuvieron para representar al hechicero estándar.
En el mundo de Warhammer Fantasy, hay en realidad más de una miniatura que se ajusta a esta descripción, pero de la que hoy vengo a hablar es sin duda la más fiel representación a mi parecer: Nicodemus, el Peregrino Maldito. Un modelo de personaje especial de Mordheim (o Dramatis Personae, como se conocen en este juego de especialista) cuyo afán por la Piedra Bruja y el poder no tienen parangón.
Sin embargo, en el distópico y destartalado Mordheim, Nicodemus no es representado con los colores grises mencionados ni con una barba gris, sino con una túnica blanca y una capa y sombreros rojos, además de una barba negra y oscura, al menos en fotografías oficiales de las White Dwarfs de años remotos. Por eso nada de ese personaje nos interesa, ya que en esta publicación el protagonista no es otro que Beltrán, el Viejo Grajo, un hechicero errante estaliano, a quien Nicodemus cede su diseño para ser representado por un servidor en el campo de batalla.
De niño, la miniatura de Nicodemus me entró por los ojos en cuanto vi su blíster en una tienda local: ¿Era posible que fuese el mismísimo Gandalf de la obra de Tolkien traído a este universo de miniaturas? Ni por un instante lo dudé, pese a no coleccionar humanos de aquellas, y desembolsé la cantidad establecida. Seguro que tener a Gandalf en mis partidas merecería la pena, y más cuando de todos era sabido que el Peregrino Gris había luchado con los Enanos y los Elfos contra las fuerzas de Sauron.
Poco duró mi emoción inicial, y al igual que otras muchas miniaturas, el Gandalf de Warhammer esperó en un oscuro cajón. Pasaron los años y pese a conocer el juego de especialista de Mordheim (y jugar alguna que otra partida) nunca tuve constancia de la historia ni las reglas de la miniatura que había relegado al ostracismo. Además, en el sistema de escaramuzas en la Ciudad de los Condenados mi banda estaba conformada por Cazadores de Brujas, con lo cual no sé yo si hubiese sido muy oportuno contratar a un hechicero ávido de piedra bruja.
Todo cambió cuando empecé paulatinamente a coleccionar el ejército estaliano de Manchados de Palantta. Y es que según iba jugando con los guerreros españoles de este mundo de fantasía en los compases de 8ª edición, iba probando diferentes Saberes de la Magia en hechicer@s a pie para apoyar la infantería. ¿Qué propició esta situación? Pues que como jugador purista necesitaba miniaturas que representasen a los adeptos de la magia de cada uno de los ocho Saberes de la Magia. Pese a que los Saberes que por aquel entonces más se utilizaban eran el Saber de la Vida y el Saber de la Muerte, hubo una única ocasión en la que quise probar el Saber de las Sombras y comprobar si era capaz de replicar la famosa Navaja Mental de Okkam en una unidad de 35 Reclutas del Tercio. No ocurrió, pero al menos rescaté a la miniatura que nos ocupa esta entrada: Beltrán, el Viejo Grajo (basado en la miniatura de Nicodemus).
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| Hechicero Gris imaginado por Karl Kopinski |
A día de hoy considero que la miniatura no está terminada, pues me gustaría incluir un detalle en ella crucial. Se trata de un familiar propio para esta Orden, como lo podría ser un cuervo o un grajo (un córvido en cualquier caso). En los últimos modelos de hechicer@s que han salido a la venta a través de The Old World, todos ellos incluyen una miniatura de un familiar, siendo para el hechicero de batalla un gnomo, para la nigromante un pequeño esqueleto y para el elementalista un sapo humanoide. Siguiendo esta corriente, pero ya mucho antes, era bastante común incluir alguna criatura (sobre todo aves) en algunos hechiceros, como son los casos propios de Bosco Acebedo; quien es acompañado por un sabio búho, o Vectus; quien soporta el peso de un buitre sobre su ya encorvada figura. El caso es que, en cuanto consiga un modelo de cuervo convincente, seguramente se lo ponga en el báculo o el hombro de Beltrán, el Viejo Grajo.
Y a todo esto ¿Quién es Beltrán, el Viejo Grajo? Pues ya que ni Gandalf ni Nicodemus parecen estar muy a favor de la causa estaliana, Beltrán es el personaje que da vida a esta miniatura en mis partidas con los Manchados de Palantta. Se trata de un viejo hechicero cuya procedencia y origen son del todo desconocidos por sus vecinos y hasta por los oficiales y administradores del pequeño Señorío de la Tierra de Labra. A día de hoy no se sabe si quiera si verdaderamente es estaliano, pues sus costumbres y ropajes no se ajustan demasiado a los cánones de los Reinos. Beltrán; como se hace llamar uno de los más enigmáticos habitantes al norte de las Irrana, el Viejo Grajo; sobrenombre con el que se le conoce por la mayoría de palanttinos, es un adepto del viento Ulgu; el viento Gris de las sombras.
Al igual que la mayoría de miembros de de la Orden Gris, Beltrán, el Viejo Grajo reside de manera aislada, en la Sierra de la Rata, donde las brumas y las tormentas se concentran con mayor frecuencia que en las planicies centrales del resto de Estalia. En su lúgubre torre estudia, practica y escruta los misterios de las artes mágicas. Lo que a la postre podría suponer un desafío, al vivir sin la protección de las murallas de una ciudad o contar con el respaldo de una guarnición, no es en absoluto un inconveniente para Beltrán. De hecho es de las personalidades más inaccesibles que pululan en la meseta norte estaliana. Y es que, a pesar de que muchos han intentado llegar a su morada (con fines dispares), nadie ha sido capaz de llamar a su puerta. La torre de Beltrán parece estar situada en la cornisa de una ladera, pero no hay camino que hasta allí conduzca y, lo que es peor, en cuanto se deja atrás el encinar que cubre el valle, la torre desaparece de la vista por completo. Sin embargo, cuando los aldeanos de Palantta o Don Rodrigo de Jomaña y Tenorio han requerido de su consejo y habilidades, Beltrán allí se ha personado al servicio de sus paisanos.
No obstante, a lo largo de un lustro, la presencia de Beltrán el Viejo Grajo en batalla ha sido apenas reportada en un puñado de ocasiones. Si bien todos saben de su existencia, e incluso ha sido visto deambulando por los caminos y otras ciudades de la geografía estaliana, el hechicero gris pocas veces ha entablado conversación y mucho menos ha hablado de sus motivaciones y andaduras. Esto ha propiciado que muchas de las historias que se cuentan sobre él sean del todo exageradas o directamente inventadas, creando un halo de misterio sobre su figura, su origen y propósito en la región. De hecho, los más ancianos del lugar cuentan que la torre de Beltrán no siempre estuvo allí, sino que de la noche a la mañana apareció, y al poco tiempo su morador se dejó ver por vez primera en el mercado semanal de Palantta sin llegar a realizar transacción alguna.
Si sus intenciones son buenas o no es algo que nadie sabe ni sabrá. Beltrán, el Viejo Grajo tendrá una poderosa razón para haber encontrado cobijo en estas tierras y haber ayudado a sus habitantes en alguna que otra ocasión. Desde luego, su presencia es y será un misterio para todos, y pese a las habladurías y rumores que recorren los mentideros, ninguna se aproxima a la verdad que esconde este veterano hechicero.
Con esta inconclusa historia termina la entrada de hoy. Espero que os haya gustado, así como la miniatura y su pintado, de la cual comparto alguna foto más desde otras perspectivas.
¡Hasta pronto!






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