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| Servidor contemplando el campo de batalla durante el despliegue. |
Justo hoy, hace dos semanas, volví a ponerme a prueba en un torneo de Warhammer Fantasy, esta vez en la edición de The Old World. Atrás quedaron los días de gloria en los que llegué a ganar un torneo en Avalon Burgos con el señor de la Estirpe Queltarin: Telperion y su Dragón Forestal. Sí, yo ya usaba un personaje en Dragón cuando no estaba de moda, pues hablamos de los tiempo de 7ª edición.
Más de 10 años después de mi último torneo en Acuphammer, bajo la larga sombra de 8ª edición, decidí volver a probar suerte, esta vez en la vecina localidad de Valladolid, en la encantadora tienda del Orco Rojo. Desde que conocí este comercio, me dio la sensación de ser un lugar de paz y remanso para jugadores ocasionales, de modo que si quería volver a competir supuse que me podría valer este amable escenario. Craso error. Por cierto, recomiendo seguir a Lucas en su Instagram, donde tiene toda clase de “Orconsejos” y trucos para pintar a un buen nivel.
Así, el 7 de marzo de 2026, volvía a los terrenos de juego (de miniaturas) con una lista a 2000 puntos de Elfos Silvanos. Mi principal y noble misión consistiría en demostrar a todo el mundo que los Elfos Silvanos podían hacer un buen papel en un sistema que, hoy en día, les perjudica sobremanera. Aunque el verdadero objetivo sería aprender a desenvolverme con más soltura y conocer a gente apasionada del hobby como yo en mi entorno y a sus ejércitos.
Antes de empezar a hablar del desarrollo de las partidas, hay que detenerse en la lista que llevé. Huelga decir que se trataba de un ejército muy continuista y similar a lo que venía jugando, con las unidades más usadas a día de hoy por la mayoría de jugadores Asrai, mientras que otras… no tanto. Comandados por un Biennacido en Dragón Forestal que causara estragos en las líneas enemigas y pudiese medirse de tú a tú a los generales rivales y apoyados por una hechicera de nivel 4 y un Cambiaformas úrsido montado en Gran Ciervo, el grueso de la hueste y las esperanzas para puntuar objetivos recayeron sobre 30 arqueros elfos (10 de Guardia del Bosque y 20 Exploradores) equipados con espadillas arcanas, unas flechas capaces de reducir la armadura del enemigo en 2 puntos. Completó el cupo de unidades básicas una unidad de 6 Jinetes del Bosque de la cual me olvidé usar su regla especial Movimiento de reserva en todos los turnos. Apoyando este "temido" contingente, cuya máxima consisten en rechazar el enfrentamiento cuerpo a cuerpo, incluí una unidad de 5 Hermanas del Espino y otra de 5 Jinetes Salvajes para cubrir flancos y ralentizar al enemigo. Y como no, faltaba un innegociable Hombre Árbol para fijar el centro de la mesa e ir a pegarse contra lo que fuese. Esa era la idea inicial, la práctica ya veremos que fue otra cosa.
Preparado con la lista y las miniaturas en la maleta, el día de torneo no pudo empezar peor. Salí de casa rayando el coche en el garaje por culpa de las prisas que me había provocado el haberme dejado en casa de mis padres una unidad de Exploradores del Bosque Profundo (tengo cosas divididas por varias casas de familiares, que a mi no me cabe todo en la casa temporal en la que estoy instalado). Gracias a estos dos percances, llegué 15 minutos tarde a la a apertura del torneo, haciendo esperar a mi primer contrincante en el transcurso.
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| La lista del torneo. ¿Qué cambiarías? |
1ª partida: Catai
Los enfrentamientos (mal llamados ‘pairings') de la primera ronda fueron anunciados la noche anterior al evento. Catai era la bola caliente que me había tocado. Bien, tenía ganas de probarme contra la novedad, ese ejército de oriente del que todo el mundo hablaba. A grandes rasgos, no tenía ningún miedo a su lista: 3 unidades de Guerreros de Jade que caerían fácil ante los golpes del Hombre Árbol; cuya misión era de la de posicionarse en torno a los objetivos y hacer de muro, 3 cañones que con mis exploradores y caballerías rápidas serían fáciles de abatir, dos Señores Shughengan a los que podría tratar de tú a tú con mi Aeda en halcón, y una Linterna Voladora a la que esperaba abatir a flechazos desde el primer turno. Un plan sin fisuras.
El que a priori se me antojaba un cruce favorable, pronto se convirtió en una pesadilla. Empecé perdiendo la tirada para determinar quien llevaría la iniciativa de la partida, lo que siempre me fastidia; pues un turno por detrás supone un turno menos de disparos. Aunque lo peor estaba por llegar. En un flanco esteban desplegados, tras el bosque traído desde Athel Loren, los Jinetes de Kurnous apantallados por Exploradores para que no se lanzasen a la carga a la mínima ocasión, el Biennacido en Dragón Forestal, la Aeda en Halcón, el capitán Cambiaformas en Gran Ciervo y los Jinetes del Bosque. Fueron estos últimos los que sufrieron el disparo de un único uso de la Linterna Voladora, con tan mala suerte que sufrieron las 6 Heridas necesarias para acabar con la unidad. A raíz de ello, todo se desmoronó en cuestión de segundos. Primero los Exploradores dejaron de apantallar porque retrocedieron mucho en buen orden (pese al Liderazgo 10 del Biennacido), por poco el Capitán Cambiaformas en Gran Ciervo retrocede también (pese al Liderazgo 10 del Biennacido), y lo mismo le ocurre a la Hechicera que con un 10 se mantiene impertérrita. ¿Quién no fue capaz de controlar a su bestia y retroceder 6 pulgadas para salirse del tablero? Ese, el del Liderazgo 10… Los Señores Shugengan lanzaron el hechizo Constelación del Dragón a los Jinetes Salvajes y los convirtieron en ceniza. Por si acaso, previamente, y de un par de cañonazos, la Hechicera (oculta tras un bosque) fue alcanzada por varias balas de cañón catayano, dando con su vida al traste (diré a mi favor que no tenía ni idea de que ahora las balas de cañón atravesaban bosques). Este y otros aspectos de las reglas fueron muy amablemente explicados por mi contrincante Nico, de Moria Wargames, a quien podéis ver en este video manejando mucho mejor que yo a los Elfos Silvanos. Todavía no había empezado mi turno y mi rival ya atesoraba 1166 puntos.
Poco había ya que hacer. Me rendí incondicionalmente, pero para no fastidiar la partida a un rival tan simpático aunque inclemente, le dije que intentaría llevarme algún punto, pero que él siguiera desatando toda su furia en el campo de batalla. Y así hizo. Pronto acompañarían a los salones de Morai-Heg el Hombre Árbol; fulminado por los Señores Shugengan, las otras unidades de arqueros y, finalmente, las Hermanas del Espino. Yo por mi parte, conseguí destruir un cañón catayano y una unidad de Guardia de Jade. Buen recibimiento y a esperar al rival con la segunda mayor derrota para la siguiente ronda.
Resultado: 3600 - 320 en contra
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| Algunas de las unidades magistralmente pintadas (ganó el premio a ejército mejor pintado) de Nico. |
2ª Partida: Ciudad-Estado de Nuln
En el siguiente enfrentamiento me esperaba una lista más asequible del Imperio con Alabarderos, Grandes Espaderos, un Mago endemoniado en pegaso y mucha, mucha pólvora. En el escenario de los 3 objetivos, ni mi rival ni yo mostramos intención alguna de hacernos con dichos trofeos que tantos puntos otorgan al final de la partida. Menos aún cuando ambos tuvimos que desplegar dos unidades como reservas y yo escogí a los Jinetes Salvajes y él a la unidad de Grandes Espaderos. Su artillería me daba miedo, pero pude posicionar una unidad de Exploradores cerca de sus cañones para cargarlos en el turno 2 y molestar bastante. Además, mis arcos llegaban más que sus Mosquetes de Repetición, por lo que la unidad que más miedo daba de 12 Batidores pudo ser fácilmente abatida. Tras mermar un poco su potencia de fuego, decidí asomarme con el Dragón y la Aeda, que se ocultaban tras unas ruinas. Pero había algo con quien no contaba: un hechicero de nivel 1 con el hechizo identificativo de Demonología (La Invocación) capaz de sumar un +3 a sus intentos y que fulminó de un proyectil mágico a mi Hechicera de nivel 4 (cuántos conocimientos desaprovechados. Por suerte, el Hombre Árbol había parado un par de balas de cañón (y de salvas) con su regeneración, por lo que pudo reclamar (para los Exploradores) uno de los objetivos de las enclenques tropas estatales que lo defendían. Los Grandes Espaderos fueron a su vez arrasados por una impetuosa carga de los Jinetes de Kurnous y, pese a que el flanco derecho lo había perdido ante la aparición de unos Guardias de Caminos equipados con pistolas que dieron buena cuenta de mi Guardia del Bosque, el Dragón Forestal y mi general lograron cargar a los Batidores comandados por su general, así como de los restos de artillería que quedaban en la retaguardia y del Tanque de Vapor.
Victoria sufrida, pero cómoda. Al menos no me iría a casa con 3 derrotas.
Resultado: 1530 - 2780 a favor
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| Vista del flanco izquierdo, con el Ingeniero gritando órdenes al Tanque de Vapor, dos Cañones imperiales, un Cañón de Salvas y a los Alabarderos con su destacamento de Arcabuceros. |
3ª Partida: Bretonia
Ya más relajado y con la satisfacción de haber jugado al menos una partida relativamente bien, me tocó cerrar el día otro emparejamiento que se me antojaba favorable: la Bretonia del Caballero Verde. ¿Por qué me las prometía tan feliz y optimista contra uno de los ejércitos más eficaces del formato? Pues porque históricamente (en 6ª, 7ª y 8ª) se me había dado bastante bien y, además, contaba con un montón de unidades que reducían la armadura entre 1 y 2 puntos, rebajando a estos paladines de la Dama a meros humanos caros de Resistencia 3 con mucha armadura y que sin la carga se quedan en nada. Y se me da (o se me daba) bien marear unidades sin que lleguen a cargarme. No obstante, había algo con lo que no contaba: El Caballero Verde.
No me había molestado en leer las reglas de ese personaje especial, pero visto lo mal diseñados que están todos los personajes en The Old World, no esperaba grandes hazañas por su parte. Y así, el orgullo me cegó. Sin saber que el Caballero Verde se materializaba al 3+ cada turno desde un bosque o elemento natural (¡y podía cargar!), no tuve ningún cuidado a la hora de proteger mis unidades más vulnerables a sus acometidas. Y así aconteció. Otra partida en la que mi bella hechicera, en la que tanto mimo puse al pintar, no llegó al turno 2, esta vez hallando su aciago final a manos del Caballero más afamado de Bretonia.
Pese a esta eventualidad, aún me veía capaz de lograr la victoria. En los flancos las cosas no iban nada mal. La unidad de pegasos estaba casi destruida, pero ¡ah, amigo! No olvidemos nunca que este es un juego de azar y cuando las cosas parecen claras, de repente todo se oscurece y un negro pozo te arrastra hasta los Reinos del Caos. Todo ocurrió demasiado rápido. Mi Biennacido en Dragón quiso cargar al general rival, enfrentado en combate a los Jinetes Salvajes, con tan mala suerte de no ser capaz de obtener las 6 pulgadas necesarias para llegar al combate y quedarse a mitad de camino (ni eso). ¿Qué vino después? Pues que el Paladín bretoniano acabaría por defenestrar a los Jinetes Salvajes y, peor aún, el caballero Verde, los Caballeros del Grial y una unidad de Caballeros del Reino cargarían por la retaguardia y flanco al rezagado general montado en Dragón. Parece ser que el comer humanos con armadura de la batalla anterior y aderezados con pólvora no le sentó nada bien, y tanto a la carga como en la huida, obtuvo resultados muy bajos, lo que permitió a los Caballeros del Grial ensartarlo mientras intentaba remontar burdamente el vuelo.
Una vez más, la partida se había esfumado por culpa de los personajes que debían ser el soporte de todo el ejército. Fue así como sucedió la última derrota del día.
Resultado: 1967 - 557 en contra
Conclusiones
Me gustó jugar contra 3 ejércitos que en mi día a día no confronto. Pude aprender de gente con más experiencia que yo, incluso en nimiedades como aplicar reglas que creía de una forma y resultaban ser de otra. Además, el buen rollo impregnó los tres emparejamientos (algo que no fue extensible a otras mesas…), pese a que reconozco que Nico no pudo disfrutar nada la primera partida contra un ejército diezmado y un comandante (yo) que había tirado la toalla poco después de desplegar.
¿Hay parte negativa? No del torneo, pero sí de los torneos en sí y tiene que ver más con cómo están diseñados los ejércitos hoy en día, en concreto mis pobres Elfos Silvanos. No pueden competir con su elevado coste por miniatura/modelo, configuración y reglas actuales en los escenarios competitivos del 'Matched Play'. No se trata de sustituir madera por flechas, pero sí de que Dríades, Arbóreos y Hombres Árbol puedan ser útiles y obtener objetivos, o que las unidades de infantería silvanas no cuesten tantísimos puntos, o que los objetivos no se consigan con los requisitos Unidad Básica y Potencia de Unidad. Simplemente, hay facciones enteras que no pueden cumplir con esos requisitos. No digo que se le dé la vuelta al ejército, pero las restricciones de unidades, al igual que con personajes, deberían existir en todos los ejércitos, y con cabeza; nada de 0-1 de unidades Forestales por cada personajes Acechante de Caminos cuando no es en absoluto necesario, ni siquiera por trasfondo. De todas formas, ya me quejé abiertamente y no hace mucho sobre la problemática que arrastran los Asrai, y no quiero que esto se convierta (más) en un blog de lloros.
Resumiendo. ¿Volveré a un torneo? Espero que sí, porque ganas no me faltan. ¿En el corto plazo? Depende de la situación familiar, pero pinta que no. De todas formas, queridos lectores, anímense a participar de los eventos de su tienda más cercana. Soy férreo defensor de que Warhammer es un juego para disfrutar sin competitividad, pero de vez en cuando, partidas así en pequeñas dosis nos hacen mejorar nuestras partidas narrativas.
¡Hasta pronto!





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